Tres verdades sobre Putin

Vladimir Putin. El ruso que (casi) todos los rusos quisieran ser

Rusia es el país más grande el mundo. Hace dos décadas comenzaba a dar sus primeros pasos hacia la democracia luego de la caída del muro de Berlín y la descomposición de las repúblicas soviéticas. Hoy vuelve a ser noticia tras la anexión de Crimea luego del conflicto de Poder en Ucrania y ante el silencio cómplice de la mayor parte de los países y la propia ONU.

Para entender a Rusia hay que tratar de entender a Vladimir Putin y ese proceso debe realizarse sobre lo que se denominan las tres verdades sobre Rusia.

Lo que hoy no está claro es hacia donde va Rusia. Putin es un hombre de 1,70 de alto. Salvo eso que no puede modificar, ha hecho todo por tratar de engrandecerse. Lo hemos visto a caballo, pescando, con un tigre, manipulando armas y practicando yudo. Putin quiere ser el reflejo de la Rusia que gobierna.

Por eso, un acontecimiento ocurrido en octubre de 2000 fue demoledor para su plan y al mismo tiempo el promotor de lo que es hoy Rusia y el mismo Putin. Hace 14 años el submarino Kurks se hundía con 113 tripulantes. La tecnología rusa resultó incapaz de rescatar al viejo artefacto y Putin rechaza la ayuda internacional. Mueren todos sus tripulantes. La imagen es la de un país derrotado, pobre, sin prestigio. Una sombra de la grandeza de otros tiempos. De la época de la temida Unión Soviética.

Los círculos de Poder de Moscú, oficialismo y oposición, coinciden en que el multilateralismo ha perjudicado a Rusia. Que el dialogo y cooperación iniciados por Yeltsin eran parte de una debilidad que hizo daño a Rusia.

A partir del hecho traumático para el amor propio ruso del Kurks, Putin idea y pone en marcha la reconstrucción de Rusia. La recuperación de su grandeza la hará sobre varios ejes que, como el relato del kirchnerismo en Argentina, son en realidad, verdades muy frágiles de sostener.

Rusia controla a Europa a través del gas.
Desde su llegada al Poder, Vladimir Putin ha nacionalizado todo el sector gasífero. A la vez que Europa cerraba pactos de provisión con Rusia. Así el 30 por ciento de todo el gas que consume la Unión Europea llega de Rusia.

Muchos de esos gasoductos atraviesan Ucrania. Por cuanto si Putin cierra las canillas muchos países principalmente del Este europeo entrarían en un problema.

Ese control es similar al que ejerce Venezuela con el petróleo y gasoil con que abastece a una docena de países de América. Pero al igual que en el caso venezolano, toda la estrategia rusa se basa en exportar energía.

Si dejara de hacerlo el efecto sería fatal para su economía. Lo cierto es que Rusia no es un país que pueda vivir en forma aislada. Depende de la exportación de recursos naturales, depende de las inversiones extranjeras, y del aporte de la tecnología que no genera.

Si bien su mercado interno es muy fuerte es un mercado de productos que en gran medida llegan desde Europa. Por ejemplo, el PBI de Rusia es el mismo que el de Italia. Un país mucho más pequeño en todos sentidos, que no es ni aspira en ser una superpotencia y no crece desde hace años.

Rusia apoya a Putin
Las encuestas después de la anexión de Crimea le otorgan más de un 70 por ciento de aprobación. Una popularidad distribuida de una forma muy especial. ya que la única manera de entenderlo es aceptando que hay cuatro rusias. La Rusia de las mega ciudades como Muscú y San Petersburgo donde existe una clase media con un estilo de vida occidental.

La segunda Rusia, la de las ciudades con menos de un millón de habitantes. Ciudades que viven del complejo industrial militar heredado geo estratégicamente de la ex URSS. Donde el Estado es el cliente principal.

Está además la Rusia de las provincias donde la gente vive en pobreza absoluta. Está la Rusia de los caucásos que son únicos, ya que son la parte musulmana de Rusia que en nada se parece a la Rusia occidentalizada.

Putin sabe que su base de apoyo está en las últimas tres rusias. A la primera ya la perdió totalmente. Esa estructura imperial esconde una fragilidad. Sin embargo, todo aquel que se atreva a enfrentarlo es eliminado: líderes políticos, empresarios, gente de la cultura, periodistas, nadie se libra del castigo. Algunos como el magnate petrolero Mijail Jodorowsky pasan años en la cárcel, otros como la periodista Anna Politkóvskaya aparecen asesinados.

Todo lo que sea eliminar esa base protectora que significa la periferia pondría en riesgo la base del poder en sí. Que no es novedosa, existió durante el comunismo y en la época imperial de los zares.

Putin es el gran defensor de los valores tradicionales
La persecución de los gays, el encarcelamiento de las Pussy Riots y el acercamiento a la iglesia Ortodoxa aparecen como ejemplos claros de cómo Putin ha aprovechado muchos temas conservadores para marcar a sus opositores en la vereda de enfrente. A quienes trata de occidentales y “poco rusos”. De manera que las críticas a su persona pueden ser trasladadas a toda Rusia.

La mano dura a la inmigración ilegal es la bandera que usa para demostrarle a la gente común que el sí entiende a sus paisanos. Que es una lucha por defender los valores tradicionales rusos.

Putin fue uno de los jefes del KGB. Hizo toda la carrera desde que estaba en la universidad en la otrora Leningrado. Sabe transformarse en lo que haga falta para conseguir lo que quiere. Hace 15 años que maneja directa o indirectamente el Poder en Rusia y lo hará por mucho tiempo más.

Fuerte o débil, es el líder con el que Occidente debe tratar. Y Putin entiende perfectamente que los tiempos que vienen serán los de la fuerza y no del diálogo. Lo cuál demuestra que estamos entrando en un mundo más inseguro, más brutal como el que amanece en la América Latina que da vuelta la cara a la represión en Venezuela.

Es época del retorno, al menos en la periferia, de los conflictos armados como el de Ucrania y la misma Venezuela, pero que se pueden extender.

Vladimir Putin tiene 61 años y no hay nadie en Rusia que sea capaz de retar su poder. Se ha adueñado del discurso nacionalista, ha silenciado a sus opositores y ha convencido a la opinión pública local de que Rusia es un país fuerte. Puede que no lo sea, aunque es indiscutible su tamaño o su arsenal nuclear. Casi nadie se atreve a retar su Poder aunque haga cada vez más esfuerzos por alejarse del mundo.

Putin es un hombre envalentonado, dentro y fuera de casa. Capaz de tomar Crimea y no tanto por cuestiones geopolíticas como por la necesidad de dar un fuerte mensaje a sus compatriotas de que él es el que manda.

Guillermo Bertoldi

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Guillermo Bertoldi

Guillermo Bertoldi. Soy periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y analista de Opinión Pública. Completé estudios superiores en sociología de las comunicaciones y management político. Especialista en Comunicación Electoral y de Gobiernos. Participé en más de 50 campañas electorales nacionales, provinciales y municipales. Autor de “La Campaña Emocional, comunicación política en el territorio de los sueños”. Profesor en la Universidad del Este en las cátedras de Gerenciamiento de la comunicación de crisis y de Mediación y negociación.