El genocidio armenio y la búsqueda de responsables históricos en el presente

Aun entendiendo que el término genocidio no es técnicamente aplicable al caso armenio iniciado con las deportaciones de 1915, ya que mientras las víctimas provenían principalmente de Anatolia, el Imperio no persiguió a los armenios de ciudades como Estambul, Izmir y Kütahya; no resulta fácil encontrar otra denominación que exprese la magnitud de esta tragedia humana. Toda vez que se define como genocidio “una negación del derecho de existencia a grupos humanos enteros”. De la misma manera como ocurrió con el fallo de la Corte Penal Internacional respecto de la matanza de 800 mil ruandeses en la década de los años 90 del siglo XX tampoco puede calificarse de genocidio.

Puede verse aquí El “genocidio” armenio desde la óptica del derecho penal internacional y el análisis del fallo del exjuez argentino Norberto Oyarbide. Pero lo cierto es que entre 300 mil y un millón y medio de seres humanos fueron muertos de manera cruel al sólo efecto de desplazarlos de regiones del despedazado Imperio Otomano hacia el fin de la Primera Guerra Mundial. Por esos mismos años se produjeron además las deportaciones y asesinatos masivos de cientos de miles de musulmanes turcos en los Balcanes, el Cáucaso y Crimea, que no reciben simpatías ni indignaciones por una parte de la intelectualidad internacional.

La pretensión de los armenios en el mundo (no tanto ya de su gobierno nacional) de apuntar a la actual República de Turquía no genera mayores adhesiones a nivel internacional, más allá de las sobre actuaciones. No porque no se reconozcan las atrocidades cometidas (incluso el Parlamento turco ha oficializado con diversos tenores esas matanzas), sino porque los autores institucionales y jurisdiccionales responsables ya no existen.

Si bien muchos de los “jóvenes turcos” comenzando por mismísimo Ataturk ocuparon lugares de relevancia en la vieja organización estatal, el Imperio Otomano y las personas protagonistas no existen más.

Oficiales de la organización Jóvenes Turcos en 1915
Oficiales de la organización Jóvenes Turcos en 1915

Si algo deberíamos aprender -o al menos discutir- es que no es posible juzgar la historia en la búsqueda de responsabilidades actuales. La tenemos ahí para recordar, en casos como estos las atrocidades de las que son capaces los seres humanos y como advertencia (pobre advertencia a la luz de hechos que nos avergüenzan como especie tales como las recientes matanzas en Ruanda, los Balcanes, Irak y ahora en Siria). Por lo mismo que sería impensable que alguien quisiera juzgar o señalar a la Alemania y alemanes actuales por los crímenes del nazismo.

Esta delirante posición no sólo es inducida en la presentación del recuerdo de las matanzas de los armenios otomanos sino que es defendida académicamente entre otros por el “filosofo” español Reyes Mate que sostiene que los nietos son responsables (históricamente) de lo que hicieron sus abuelos. Es decir, los españoles actuales, independientemente de sus ideas, tienen una responsabilidad actual por lo que hicieron sus abuelos, falangistas o republicanos, hace 80 años atrás. O en esa línea, juzgar a un ciudadano de Roma por el genocidio dacio o a los franceses por el cátaro.

Reyes Mate pretende convertirse en discípulo Max Horkheimer y de la Escuela de Frankfurt, que sostenían que cuando se produce un crimen, el crimen es evidente para el que lo comete y para el que lo sufre, pero fuera de ellos el crimen sólo existe si hay memoria de ellos. Y ahí es dónde se comete la mayor atrocidad al buscar responsables en el presente por un pasado histórico heredado pero del que no son autores. Un pasado del que no se tomó parte.

Memorial del holocausto armenio otomano
Memorial del holocausto armenio otomano

Es cierto que como sostiene Adorno que luego de Auschwitz surge un nuevo imperativo categórico que obliga a repensar incluso el concepto de verdad, el concepto de política, el concepto de ética, el concepto de estética a partir de la experiencia de la barbarie, pero eso queda en el ámbito de la memoria de la humanidad y de ninguna manera pueden trasladarse las responsabilidades históricas a personas que ni siquiera habían nacido al momento de los hechos sobre los que se les pretende asignar una responsabilidad.

Distinta es la posición por ejemplo de filósofos como Walter Benjamin, quien más ha avanzado en la idea de la construcción de una cultura de la memoria, habla de que los nietos tienen, respecto a los abuelos, el Poder (“débil fuerza mesiánica”, refiere Benjamin) de restaurar la injusticia que se les hizo. Pero eso lo dice la memoria; no puede decirlo la historia y mucho menos asignar responsabilidades en el presente.

 

Guillermo Bertoldi

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Guillermo Bertoldi

Guillermo Bertoldi. Soy periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y analista de Opinión Pública. Completé estudios superiores en sociología de las comunicaciones y management político. Especialista en Comunicación Electoral y de Gobiernos. Participé en más de 50 campañas electorales nacionales, provinciales y municipales. Autor de “La Campaña Emocional, comunicación política en el territorio de los sueños”. Profesor en la Universidad del Este en las cátedras de Gerenciamiento de la comunicación de crisis y de Mediación y negociación.

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