Los tres sargentos de Tambo Nuevo

Vista de Tambo Nuevo en las cercanías de Yotala, Potosí, Bolivia.
Vista de Tambo Nuevo en las cercanías de Yotala, Potosí, Bolivia.

La anécdota de los sargentos de Tambo Nuevo, ya de por sí poco conocida, esconde a su vez la vida de estos tres que como muchos otros se entregaron por completo a la Revolución de Mayo. En realidad hay muy poca información sobre ellos. Se cuenta con las memorias de Gregorio Aráoz de Lamadrid, referencias de oficiales de Máximo Paz y la dudosa recopilación de Bartolomé Mitre. Se sabe que cuando se suman a la guerra de la Independencia, Mariano Gómez tenía diecisiete años; Santiago Albarracín y Juan Bautista Salazar, dieciocho. Gómez había nacido en Tucumán y los otros dos eran cordobeses. El General Lamadrid cuenta en sus memorias que los tres muchachos eran “inseparables, divertidos, insolentes y generosos”.

A fines de octubre de 1813 el Ejército del Norte había sido derrotado en los campos de Vilcapugio y retrocedía buscando un lugar donde curar heridos, abastecerse y retomar la iniciativa. Los españoles, tropas altamente sofisticadas y entrenadas en las luchas napoleónicas, con lo último en tecnología militar, avanzan pisándoles los talones.

Para retrasarlos y distraerlos, Lamadrid organiza una partida de voluntarios pertenecientes del regimiento de Dragones del Ejército del Norte para sabotear su vanguardia. Caminan, en la noche sin luna de la sierra, hasta que se topan con el campamento realista en la Posta de Tambo Nuevo, en Yotala, actual departamento de Potosí, en Bolivia. Desobedeciendo las órdenes de no contactar con el enemigo los tres mocosos, armados con dos fusiles y una lanza reducen a 14 españoles.

Enterado Manuel Belgrano los asciende al grado de Sargento, con el título honorífico de Sargentos de Tambo Nuevo. A Gómez le regala su caballo blanco y a los otros los mejores de entre la tropilla. La acción que parece pequeña, aun para quienes nunca nos enfrentamos con dos amigos a 14 enemigos, tiene el efecto de obligar a los realistas a levantar su asedio a Potosí en la creencia de que el Ejército del Norte ya estaba en operaciones de nuevo.

Entre los prisioneros hay dos que habían sido dejados en libertad después de la Batalla de Salta, con el compromiso de no tomar más las armas contra la Patria. Belgrano ordena que los fusilen por la espalda y que les corten las cabezas que terminan clavadas en una pica con la leyenda para que lean los realistas: “Por perjuros e ingratos a la generosidad con que fueron tratados en Salta”.

Mariano Gómez se había sumado al primer ejército de 75 hombres de Juan José Castelli que avanzaba hacia el Alto Perú en la primera expedición auxiliadora cuando ésta pasó por su pueblo natal, Lules, en Tucumán.

Tomado prisionero en en el desastre de Huaqui en 1811 y luego en 1812 durante la invasión de Pío Tristán, escapa las dos veces para sumarse finalmente a las tropas de Belgrano. A fines de 1813 Gómez se alista en una unidad de guerrilleros bajo el mando de Manuel Dorrego quienes detienen durante 20 días el avance realista en la Quebrada jujeña, hasta que en una emboscada es tomado prisionero.

El monolito de la plaza de Humahuaca que recuerda el fusilamiento del sargento Gómez pesadilla de los realistas
El monolito de la plaza de Humahuaca que recuerda el fusilamiento del sargento Gómez pesadilla de los realistas

 

El comandante Saturnino Castro le ofrece la vida a cambio de que se enrole en las fuerzas españolas. El chico Gómez, veterano de las batallas de Tucumán, Salta, Vilcapugio y Ayohúma, pide su espada “y que vengan de a uno”, según Lamadrid. Un oficial de Máximo Paz, también detenido, dice que Gómez solicita que no le tapen los ojos para verles las caras a los que lo iban a matar. Fue finalmente fusilado en la plaza central de Humahuaca los últimos días del enero de 1814.

Un mes después, en las afueras de Salta, Salazar, quién combatía con los restos de las tropas indígenas del Marqués de Yavi, es herido de muerte. Albarracín se suma al Ejército de San Martín y luego al de Simón Bolívar bajo las órdenes de Juan Lavalle. Pelea en más de 25 combates por la libertad del continente en lo que actualmente es Colombia, Ecuador, Bolivia y Perú, y muere en 1840, con el grado de Comandante de milicias.

Pasará el tiempo y los Tres Sargentos seguirán galopando, con sus mechas al viento, riéndose con desfachatez, si los tenemos en la memoria y como a muchos otros, los traemos al presente, de vez en cuando.

Guillermo Bertoldi

Gracias por compartirloShare on LinkedInShare on Google+Share on FacebookTweet about this on Twitter

Publicado por

Guillermo Bertoldi

Guillermo Bertoldi. Soy periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y analista de Opinión Pública. Completé estudios superiores en sociología de las comunicaciones y management político. Especialista en Comunicación Electoral y de Gobiernos. Participé en más de 50 campañas electorales nacionales, provinciales y municipales. Autor de “La Campaña Emocional, comunicación política en el territorio de los sueños”. Profesor en la Universidad del Este en las cátedras de Gerenciamiento de la comunicación de crisis y de Mediación y negociación.

Un comentario en “Los tres sargentos de Tambo Nuevo”

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *