Palabra y emoción

El gerenciamiento de las emociones deja de ser un lujo narrativo cuando es evidente la imposibilidad de establecer procesos comunicativos fluidos, horizontales y equitativos con un amplio sector de nuestras sociedades. A la falta de interés, la anomia y la casi nula visibilidad del factor de cambio de la realidad que pudiera implicar la política, sumamos la carencia lingüística.

Por su cotidianeidad creemos que hablar es como caminar. Pero el habla es una herencia puramente histórica, aunque estemos capacitados para hacerlo por una disposición biológica. El caminar es una función orgánica e instintiva, mientras que el habla es una función adquirida culturalmente pero adyacente ya que utiliza músculos y nervios cuyo origen no tienen características lingüísticas.

No se habla automáticamente. El habla no evoluciona independientemente de la voluntad y del trabajo de hacerlo. No es un organismo vivo atado a las leyes de la evolución. Es un producto cultural e individual, que crece y se desarrolla de acuerdo a los estímulos que reciba. Es lo que los hablantes hagan de ella.

Pero el habla está ligada directamente a la construcción de nuestro mundo de pensamientos. No se puede pensar sin lenguaje y se piensa de acuerdo al lenguaje que se posee. No hay alternativa. La calidad de lo que se piensa y siente está relacionada con la capacidad de hacerlo con palabras.

El poeta y ensayista español, Pedro Salinas sentenció que el hombre se posee en la medida que posee su lengua. Hablar es comprender y comprenderse, es constituirse a sí mismo y constituir el mundo. Sin lenguaje no hay mecanismos de exploración interior. No se puede pensar de manera independiente del sistema de denominar que se posee para representar los sentimientos y sensaciones con palabras.

Cada vez es más común interactuar con personas que pelean por encontrar palabras que expresen lo que intentan decirnos. Los vemos y oímos sufriendo al tratar de explicarse, expresarse, “vivirse ante nosotros”, como dice Salinas. Personas que no conocen su lengua y por ello viven pobremente, a medias.

Pero éstos no son sólo inválidos del lenguaje, “mancos de la expresión, discapacitados espirituales”, según Salinas. Incapaces de moverse entre sus pensamientos, de nominar sus sentimientos, de precisarlos exactamente. Peor aun, si los sentimientos no pueden expresarse no pueden ser vivenciados. No puede vivirse lo que no puede expresarse y no puede expresarse un sentimiento si no se tienen las palabras para hacerlo. Según la Lingüística, amoldan sus pensamientos a los escasos centenares de términos que manejan. Lo que no puede decirse con palabras nunca termina de convertirse en una emoción que les permita salir de ésa esclavitud.

La vía es una calle sin salida. Se piensa con las palabras que se poseen. Se expresa lo que se piensa. Se siente lo que se ha podido convertir en palabras. Se convierte en palabras lo que se ha sentido. Pero como decía Vossler “Aun en los seres más escasa y pobremente dotados vive la chispa de una lengua propia y libre. El más mísero de los esclavos, desde el punto de vista de lingüístico, es autónomo siempre en un oculto rincón de su alma”.

Esta realidad de nuestros países nos obliga a redoblar los esfuerzos para intentar celebrar la comunicación. Dependerá de los gobiernos y de su voluntad por incluirlos definitivamente para que finalmente se levanten como ciudadanos plenos.

Desde el punto de vista de la comunicación política, la débil legibilidad del entorno de la que nos hablara Paulo Freire se agrava a partir de la imposibilidad de conceptualizar el mundo que los rodea, pero lejos de generar un impedimento, nos abre a la posibilidad de utilizar recursos de imagen, que transportan mucha más información que las palabras y a la vez conectan emociones y valores.

Sin embargo no son los recursos comunicacionales los que generan hombres libres sino los procesos educativos.

Guilermo Bertoldi

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Publicado por

Guillermo Bertoldi

Guillermo Bertoldi. Soy periodista, licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y analista de Opinión Pública. Completé estudios superiores en sociología de las comunicaciones y management político. Especialista en Comunicación Electoral y de Gobiernos. Participé en más de 50 campañas electorales nacionales, provinciales y municipales. Autor de “La Campaña Emocional, comunicación política en el territorio de los sueños”. Profesor en la Universidad del Este en las cátedras de Gerenciamiento de la comunicación de crisis y de Mediación y negociación.

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